Wall Street sufrió su peor caída desde abril de 2025: el mercado empieza a castigar la apuesta por la inteligencia artificial

Resumen
El jueves 5 de noviembre, Wall Street sufrió su peor caída desde abril de 2025, con el Nasdaq perdiendo un 5,5% y el S&P 500 un 4,4%, arrastrado por empresas de IA y chips, lo que borró 2 billones de dólares del Nasdaq.
La Bolsa de Nueva York registró este jueves una de sus jornadas más duras de los últimos años. El Nasdaq perdió un 5,5%, el S&P 500 cayó un 4,4% y el Dow Jones retrocedió más de 1.800 puntos. Las empresas vinculadas a la y la fabricación de chips encabezaron las pérdidas, en medio de nuevas dudas sobre la rentabilidad del sector y el futuro de las gigantescas inversiones en .
El desplome del jueves 5 de noviembre borró las ganancias obtenidas durante la jornada anterior y marcó la peor sesión de Wall Street desde abril de 2025, cuando los anunciados por Donald Trump habían sacudido los mercados internacionales.
El S&P 500 perdió 334,89 puntos y cerró en 7.353,73 unidades, una caída del 4,4%. El Dow Jones bajó 1.833,06 puntos, hasta los 51.523,06, mientras que el Nasdaq Composite terminó en 24.315 puntos, con una pérdida del 5,5%.
La caída del Nasdaq tiene una importancia adicional: el índice quedó un 11,9% por debajo de su máximo histórico, alcanzado en octubre. Esto lo coloca técnicamente en territorio de corrección, una denominación utilizada en los mercados cuando un índice pierde al menos un 10% desde su máximo reciente.
Las tecnológicas, en el centro del derrumbe
El golpe más fuerte se concentró en las compañías que habían protagonizado el crecimiento bursátil asociado a la .
Advanced Micro Devices (AMD) perdió un 17,3%; Micron Technology cayó un 17,5%; Marvell Technology retrocedió un 16,4%; SanDisk se desplomó un 22,3%, y Nvidia, una de las compañías más valiosas del mundo, perdió un 9,3%.
El índice de semiconductores de Filadelfia, que reúne a empresas fundamentales para la fabricación de procesadores y componentes electrónicos, cayó aproximadamente un 12%. Fue su segunda peor jornada registrada.
La liquidación tampoco quedó limitada al sector tecnológico: los once sectores que componen el S&P 500 cerraron en terreno negativo. Según una estimación de Reuters, el Nasdaq perdió alrededor de dos billones de dólares de capitalización bursátil durante la jornada.
El problema detrás de la
La caída expone una preocupación que viene creciendo desde hace semanas: las inversiones necesarias para sostener el desarrollo de la son enormes, pero todavía existen dudas sobre cuánto dinero podrán recuperar las compañías.
La expansión de esta industria depende de una infraestructura que requiere miles de millones de dólares: , procesadores especializados, redes, sistemas de refrigeración y enormes cantidades de electricidad.
Durante los últimos años, las grandes tecnológicas apostaron por construir estas instalaciones a un ritmo acelerado. Esa expectativa impulsó las acciones de fabricantes de chips, proveedores de infraestructura y empresas vinculadas al suministro energético.
Pero el mercado empieza a preguntarse si la demanda futura justificará semejante nivel de gasto.
También pesan los costos de financiación. Los proyectos de necesitan capital abundante y, cuando conseguir crédito resulta más caro o difícil, las nuevas construcciones pueden demorarse. Eso afectaría directamente a las empresas que venden los procesadores y demás equipamiento necesario para ponerlos en funcionamiento.
El resultado electoral estadounidense agrega presión
La derrota republicana en las elecciones legislativas del martes y el avance demócrata en el Congreso introdujeron otro factor de incertidumbre.
Los inversores comenzaron a evaluar la posibilidad de que el nuevo equilibrio político facilite regulaciones más estrictas sobre la expansión de los o incluso la suspensión temporal de determinados proyectos.
El problema no es exclusivamente partidario. En distintas comunidades estadounidenses viene creciendo la oposición a estas instalaciones por el consumo de electricidad y agua, el uso del suelo y el impacto que pueden tener sobre las facturas de los hogares.
Parte de los votantes considera que las grandes compañías tecnológicas reciben los beneficios económicos de estas inversiones mientras que los costos de infraestructura terminan trasladándose a las comunidades.
El resultado electoral también dio mayor peso a las iniciativas locales y propuestas de restricciones a nuevas construcciones. Para Wall Street, la posibilidad de que se desacelere la instalación de amenaza una parte importante de las previsiones de ventas de la industria tecnológica.
No significa que el Congreso haya aprobado una prohibición nacional de los . Lo que cambió es la percepción de los inversores sobre los riesgos políticos y regulatorios que enfrenta el sector.
Una industria que ahora tiene que demostrar cuánto vale
El derrumbe no demuestra que la haya dejado de crecer ni que las empresas del sector estén al borde de la . Lo que está empezando a cambiar es la valoración que los inversores están dispuestos a pagar por sus expectativas.
Durante años, buena parte del mercado compró acciones anticipando que la produciría enormes ganancias futuras. Ahora aparecen preguntas más concretas: cuánto están generando realmente esos productos, cuántos clientes están dispuestos a pagar por ellos y cuánto tiempo llevará recuperar las inversiones.
Reuters recogió también advertencias de analistas sobre la distancia entre el entusiasmo inicial y los retornos económicos que algunas empresas están consiguiendo.
Mientras tanto, los inversores buscaron refugio en los bonos del Tesoro estadounidense. El rendimiento del bono a diez años bajó al 4,84%, frente al 4,90% del cierre anterior, un movimiento compatible con una mayor búsqueda de activos considerados seguros.
El petróleo , por su parte, subió un 3,9%, en un contexto de incertidumbre internacional relacionado con la guerra en Irán.
La jornada deja una señal importante: el mercado ya no está premiando automáticamente cualquier empresa que anuncie inversiones en . Después de años de subas extraordinarias, las compañías tendrán que demostrar que el negocio puede sostener sus valoraciones y que la infraestructura que están construyendo tendrá clientes y beneficios suficientes para justificar su costo.
La sigue siendo una de las transformaciones tecnológicas más importantes en marcha. Pero una cosa es el potencial de una tecnología y otra muy distinta es el precio que los mercados están dispuestos a pagar por ella.
Fuentes
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