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La guerra entre EE. UU. e Irán vuelve a escalar y el orden internacional se mueve alrededor del conflicto

Escalada EE.UU.–Irán / Ormuz

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La pausa militar entre Estados Unidos e Irán terminó.

Durante la noche del martes y las primeras horas del miércoles, ambos países volvieron a intercambiar ataques en la que Reuters describe como la escalada más importante en varias semanas. Estados Unidos lanzó una nueva oleada contra objetivos iraníes y Teherán respondió con misiles y drones contra posiciones estadounidenses y de sus aliados en la región.

El Comando Central estadounidense confirmó que sus ataques alcanzaron sistemas de defensa aérea, radares, instalaciones de comunicaciones, activos marítimos y capacidades vinculadas con la colocación de minas. Washington justificó la operación por los intentos iraníes de atacar buques comerciales en el y a personal estadounidense en Medio Oriente.

La respuesta iraní alcanzó instalaciones estadounidenses en Jordania, Irak y Bahréin. En Jordania, las autoridades informaron que 13 ingresaron al espacio aéreo del país: diez fueron interceptados y tres cayeron en zonas despobladas. Bahréin afirmó haber interceptado drones iraníes. Irán también afirmó haber atacado posiciones estadounidenses en Erbil, aunque ese episodio todavía no había sido confirmado por Washington o Bagdad al momento de los últimos reportes.

La guerra, que llevaba aproximadamente un mes sin grandes acciones directas antes de esta nueva fase, volvió así a una dinámica de ataque y represalia.

empieza a mostrar el costo inmediato

Dos petroleros que transportaban crudo saudita habían sido atacados mientras salían del estrecho durante el fin de semana, y el tráfico comercial está cayendo.

Según datos preliminares de Kpler publicados este miércoles por Reuters, sólo cuatro buques de carga atravesaron el martes, frente a diez el día anterior y a un promedio de aproximadamente trece durante los diez días previos. Por ese corredor circulaba, antes de la actual crisis, alrededor de una quinta parte del consumo mundial de petróleo.

El mercado reaccionó inmediatamente.

El volvió a superar los US$95 por este miércoles después de haber subido más de US$4 el martes. Reuters informó además que la renovación de los combates llevó el rendimiento del bono estadounidense a diez años hasta 4,8122%, el nivel más alto en casi tres años, mientras las bolsas asiáticas sufrían fuertes pérdidas.

Cuando se complica , el conflicto deja de ser una guerra localizada entre Washington y Teherán y se convierte en un problema energético y financiero internacional.

Estados Unidos endurece la presión

La nueva campaña militar llega acompañada de una ofensiva económica.

La administración Trump lanzó durante las últimas semanas nuevas destinadas a cortar los ingresos de Irán y, según Reuters, Washington está intentando limitar también las operaciones comerciales que permiten a Teherán continuar vendiendo petróleo. El Tesoro estadounidense anunció a finales de agosto nuevas medidas contra entidades vinculadas al acceso iraní al sistema financiero de Emiratos Árabes Unidos.

Irán sigue teniendo en China a su principal comprador de petróleo, lo que convierte la cuestión comercial en parte del conflicto geopolítico. Reuters informó esta semana que el bloqueo estadounidense redujo drásticamente las cargas iraníes de crudo: de unos de barriles diarios en marzo a aproximadamente 220.000–255.000 en agosto.

Mientras Washington intenta aislar económicamente a Teherán, Pekín mantiene vínculos energéticos con Irán y, simultáneamente, avanza en mecanismos políticos junto a Moscú, Nueva Delhi y otros países no occidentales.

La cumbre de Bishkek llega exactamente en este momento

El , mientras comenzaban los nuevos ataques estadounidenses, se reunieron en Bishkek los líderes de la Organización de Cooperación de Shanghái.

Xi Jinping, Vladimir Putin, Narendra Modi y Masoud Pezeshkian estuvieron allí junto a los demás jefes de Estado de la organización.

La reunión produjo la Declaración de Bishkek.

En ella, los miembros de la condenaron los ataques militares contra Irán, denunciaron sus consecuencias para civiles y economía y reafirmaron el apoyo a la y la integridad territorial iraní. También rechazaron las medidas coercitivas unilaterales y reclamaron que los conflictos se resuelvan mediante mecanismos políticos y diplomáticos.

China, Rusia, India e Irán coincidieron en la misma organización y en el mismo documento en un momento en que Estados Unidos estaba bombardeando territorio iraní.

Xi, durante la reunión ampliada de la , habló explícitamente de construir un mundo multipolar, criticó el unilateralismo, el proteccionismo y la política de poder y llamó a fortalecer la cooperación fuera de los esquemas dominados por una sola potencia.

La , además, aprobó 28 documentos y avanzó en nuevas estructuras de cooperación, entre ellas un centro común para enfrentar amenazas de seguridad y distintos mecanismos de coordinación económica y política.

La organización reúne actualmente a diez Estados: China, Rusia, India, Irán, Pakistán, Bielorrusia, Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán.

India ocupa una posición particularmente importante

India participa de esta reconfiguración, pero lo hace con una política mucho más autónoma que alineada automáticamente con China o Rusia.

Narendra Modi se reunió personalmente con Pezeshkian antes de la cumbre. Según el Gobierno indio, ambos hablaron sobre la guerra y Modi expresó preocupación por la escalada, defendió el diálogo y la diplomacia y pidió proteger la navegación comercial y evitar ataques contra civiles, buques y tripulaciones.

Durante la cumbre, Modi volvió a señalar que la guerra en Medio Oriente ya no puede considerarse un conflicto regional porque afecta la seguridad energética, el comercio marítimo y las cadenas de suministro internacionales.

Eso encaja con los intereses concretos de India.

Una interrupción prolongada de significa petróleo más caro para una de las mayores economías importadoras de energía del mundo.

Nueva Delhi, por lo tanto, no necesita convertirse en un aliado militar de Teherán para tener motivos para presionar por una desescalada.

Al mismo tiempo, está profundizando sus relaciones con Rusia, participa en la y mantiene a Washington como uno de sus principales socios estratégicos.

Ese comportamiento refleja algo cada vez más visible en la política internacional: las grandes potencias están intentando conservar margen de maniobra en lugar de quedar completamente subordinadas a un único bloque.

El G20 muestra la otra mitad del problema

La misma semana, en Asheville, Estados Unidos, se reunieron los ministros de Finanzas y presidentes de bancos centrales del G20.

Y esta vez el conflicto con Irán apareció directamente en la agenda económica.

La declaración de la presidencia estadounidense del G20 advirtió sobre las interrupciones del comercio energético y destacó que la navegación libre, segura y previsible por el resulta esencial para la economía mundial.

El documento también mostró una fractura política significativa: fue aceptado por todos los miembros presentes salvo China, que objetó varios de sus principales apartados, entre ellos los relativos a desequilibrios globales y determinadas políticas económicas.

Es decir, mientras la se reunía en Asia alrededor de una agenda de , multipolaridad y oposición a unilaterales, el G20 dirigido por Estados Unidos intentaba sostener otro enfoque sobre comercio, desequilibrios económicos y seguridad de las cadenas de suministro.

No son dos organizaciones enfrentadas militarmente.

Pero sí representan dos maneras cada vez más distintas de imaginar el orden internacional.

El cambio no está solamente en las declaraciones

Hay también una transformación práctica.

China está profundizando sus vínculos energéticos y financieros fuera del sistema occidental.

Rusia está integrando todavía más su relación económica con China y otras economías asiáticas.

India conserva relaciones estratégicas tanto con Washington como con Moscú y participa simultáneamente en estructuras como y la .

Irán, aislado por las occidentales, depende cada vez más de esos circuitos.

La guerra está acelerando esa reorganización porque cada nuevo paquete de y cada interrupción comercial aumenta el incentivo para crear rutas alternativas de energía, pagos, logística y comercio.

Por eso el conflicto tiene una dimensión que supera ampliamente a Irán.

Y ahora aparece la parte militar más delicada

Trump, después de los nuevos ataques, afirmó que Estados Unidos posee ahora “casi total control” sobre el y advirtió que cualquier nueva represalia iraní recibiría una respuesta más fuerte.

El problema es que cada escalón adicional tiene consecuencias.

Un ataque sobre instalaciones militares puede generar una represalia.

Una represalia puede alcanzar bases en otro país.

Una escalada puede afectar buques comerciales.

Una interrupción de encarece el petróleo.

El petróleo caro eleva los costos de transporte y producción.

Y la presión inflacionaria puede trasladarse desde Medio Oriente hacia economías a miles de kilómetros del conflicto.

Lo que cambió esta semana

Hasta hace pocos días todavía podía sostenerse que la guerra estaba contenida dentro de una dinámica de desgaste con períodos de pausa.

Ahora esa pausa terminó. Al mismo tiempo, China, Rusia, India e Irán participaron en una cumbre donde se condenaron los ataques contra Irán y se reforzó públicamente la idea de un orden internacional más multipolar.

Eso no significa que haya aparecido de un día para otro una nueva alianza militar.

Significa que la guerra está acelerando simultáneamente una escalada militar, una fractura económica y una reconfiguración diplomática.

Y las tres están conectadas.

Mientras Estados Unidos intenta demostrar que todavía puede imponer costos militares y económicos enormes a un adversario regional, China y Rusia impulsan estructuras alternativas y India busca conservar autonomía entre los distintos centros de poder.

La acaba de exhibir esa convergencia política.

El G20 acaba de exhibir sus límites.

está mostrando el costo material.

Y los misiles vuelven a mostrar que el conflicto todavía puede subir otro escalón.

La incógnita ya no es solamente cuánto tiempo durará la guerra entre Washington y Teherán.

Es cuánto de la arquitectura económica y política construida alrededor de Estados Unidos durante las últimas décadas puede cambiar mientras esa guerra continúa.

Fuentes

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