RFK Jr. abre una revisión sobre la radiación inalámbrica: qué daños estudia la ciencia y qué todavía no está resuelto

El secretario de Salud de Estados Unidos, Robert F. Kennedy Jr., abrió una revisión federal sobre los posibles efectos de los campos electromagnéticos y la radiación de radiofrecuencia utilizados por celulares, , dispositivos portátiles, redes 5G y 6G, satélites y otras tecnologías inalámbricas.
El Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos () está pidiendo investigaciones sobre efectos que puedan producirse incluso por debajo de los límites de exposición actuales, además de estudios sobre exposición acumulada y posibles grupos vulnerables.
La discusión suele reducirse al cáncer. Pero la biología es bastante más amplia.
El sistema nervioso funciona mediante señales eléctricas y químicas. Cada neurona mantiene una diferencia de voltaje a través de su membrana y genera impulsos eléctricos para transmitir información. La actividad eléctrica coordinada del cerebro puede medirse mediante EEG.
Eso no significa que una señal de o de un celular vaya automáticamente a alterar una neurona. La frecuencia, la intensidad, la modulación y la forma en que el campo llega al organismo son determinantes.
Pero sí hace razonable estudiar la cuestión directamente: ¿pueden campos externos modificar procesos eléctricos o biológicos del organismo sin producir primero un daño evidente?
La actividad cerebral sí muestra cambios
Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2024 reunió 51 estudios sobre EEG y potenciales relacionados con eventos.
Los investigadores encontraron evidencia de un cambio en la actividad cerebral con exposición a un protocolo 2G y ojos abiertos, específicamente un aumento de la actividad alfa.
No encontraron un efecto consistente durante tareas cognitivas.
El problema apareció al intentar comparar el resto de los experimentos: había demasiadas diferencias entre protocolos, frecuencias, exposiciones y métodos. Los autores señalaron que esa heterogeneidad impide construir todavía una base concluyente.
La propia reconoce algo parecido. En su revisión sobre radiofrecuencia afirma que el efecto observado de manera consistente es un pequeño cambio en la actividad cerebral medida por EEG. Lo que todavía no está establecido es si ese cambio tiene alguna consecuencia sobre la salud.
Es una distinción importante.
Que no se haya demostrado que ese cambio sea perjudicial no significa que no exista un efecto fisiológico.
Pensar no parece cambiar, pero eso tampoco cierra la cuestión
Una revisión sistemática impulsada dentro del programa de evaluación de la analizó 76 estudios experimentales con 3.846 participantes para estudiar memoria, atención, velocidad de respuesta y otras funciones cognitivas.
No encontró diferencias estadísticamente significativas entre exposición y simulación en las pruebas cognitivas analizadas.
Eso es tranquilizador respecto de una pérdida inmediata de capacidad cognitiva.
Pero el resultado también muestra el límite del experimento: una persona puede obtener el mismo resultado en una prueba cognitiva y, al mismo tiempo, presentar una modificación fisiológica detectable.
El EEG justamente estudia ese nivel más sutil.
El estrés oxidativo sigue sin una respuesta clara
Otra revisión sistemática analizó estudios sobre estrés oxidativo, un proceso relacionado con la producción de especies reactivas y los sistemas antioxidantes de las células.
El resultado no fue “no existe efecto”.
Fue más incómodo: los estudios dieron resultados inconsistentes y la certeza global de la evidencia fue considerada muy baja. Los autores reclamaron mejoras importantes en la calidad de los experimentos.
Eso significa que actualmente no podemos afirmar que la radiofrecuencia produzca estrés oxidativo en las personas expuestas normalmente.
Pero tampoco tenemos una base experimental suficientemente sólida para descartar por completo ese tipo de interacción biológica.
La barrera entre la sangre y el cerebro tampoco está resuelta
Una revisión publicada en 2026 analizó décadas de experimentos sobre la posible influencia de la radiofrecuencia en la barrera hematoencefálica.
Encontró estudios que informaron aumento de permeabilidad o cambios moleculares y otros que no encontraron efectos: 17 frente a 18.
La revisión concluyó que todavía no puede establecerse una relación causal. Los datos humanos son escasos y existen grandes diferencias en las condiciones experimentales.
Otra vez aparece el mismo patrón:
hay señales biológicas;
hay estudios negativos;
hay problemas metodológicos;
y falta una respuesta definitiva.
También se estudia el sistema reproductivo
La revisión de estudios experimentales sobre fertilidad masculina incluyó 117 trabajos en animales y 10 sobre esperma humano in vitro.
En animales encontró evidencia de una reducción de la tasa de embarazo con certeza moderada y una reducción del recuento espermático con certeza baja. Para muchos otros resultados, la certeza fue muy baja.
Los autores remarcaron que gran parte de los estudios tenía problemas metodológicos y que no se puede trasladar directamente esos resultados a la población humana.
Incluso se estudia el sistema nervioso autónomo
El sistema nervioso no solamente controla pensamiento y movimiento. También regula automáticamente la frecuencia cardíaca, la presión y otras funciones.
Una revisión de 2023 encontró asociaciones entre exposición a campos electromagnéticos artificiales y algunas medidas de variabilidad de la frecuencia cardíaca, incluyendo SDNN, SDANN y PNN50.
Pero un trabajo posterior, publicado en 2025 y diseñado con criterios mucho más estrictos —28 estudios en personas sanas, con exposición controlada y atención especial al cegamiento— encontró que la mayoría de los experimentos no mostraba efectos significativos sobre la frecuencia cardíaca.
No es una contradicción que haya revisiones con resultados diferentes. Es precisamente una señal de que el efecto, si existe, puede ser pequeño, dependiente de las condiciones o difícil de separar del ruido experimental.
Las tecnologías nuevas agregan otra incógnita
El despliegue de nuevas redes no consiste simplemente en utilizar “más potencia”.
Cambian las frecuencias, la modulación, las antenas, la distribución espacial de las fuentes y las características de exposición. Las redes actuales incluyen desde señales sub-6 GHz hasta frecuencias milimétricas utilizadas en determinadas aplicaciones 5G.
Una revisión de 2026 sobre efectos de radiofrecuencia de alta frecuencia en el sistema nervioso central encontró resultados mayoritariamente negativos en los estudios realizados dentro de los límites regulatorios, pero destacó que las frecuencias milimétricas están mucho menos estudiadas y que todavía faltan experimentos estandarizados.
La propia publicó en 2025 un documento específico sobre vacíos de conocimiento en radiofrecuencia. Entre sus prioridades aparecen cuestiones sobre exposiciones combinadas, temperatura corporal, ojos y dosimetría.
El problema no es demostrar que todo sea peligroso
La pregunta científica no debería ser únicamente si una antena puede producir cáncer.
También importa saber si una exposición continua, acumulativa y ambientalmente omnipresente produce cambios pequeños que, aislados, parecen irrelevantes pero que todavía no sabemos interpretar después de décadas.
Ahí está la diferencia entre demostrar un daño grave y demostrar que algo es completamente inocuo.
Hoy no existe evidencia suficiente para afirmar que el , 5G o los celulares estén dañando de forma generalizada el sistema nervioso humano.
Pero tampoco existe una comprensión completa de todas las interacciones biológicas posibles. La propia está pidiendo ahora estudios sobre exposición acumulada, efectos por debajo de los límites actuales y nuevas tecnologías.
Reducir exposiciones innecesarias mientras se estudia mejor el problema no requiere afirmar que la tecnología sea peligrosa. Es una medida de prudencia ante una variable ambiental masiva cuyo efecto biológico fino todavía no conocemos completamente.
Y en este caso la pregunta no es solamente cuánto daño puede producir.
Es cuánto de la biología humana todavía no sabemos medir.
Fuentes
- https://www.hhs.gov/press-room/hhs-seeks-public-input-electromagnetic-fields-wireless-radiation.html
- https://public-inspection.federalregister.gov/2026-19252.pdf
- https://www.icnirp.org/en/frequencies/radiof-.html
- https://www.icnirp.org/cms/upload/publications/ICNIRPrfgaps2025.pdf
- https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC11650549/
- https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0160412024004859
- https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0160412024005269
- https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0160412024000953
- https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/42134407/
- https://www.who.int/teams/environment-climate-change-and-health/radiation-and-health/non-ionizing/emf/radiofrequency-fields
- https://www.iarc.who.int/news-events/iarc-press-release-n-208/
- https://ntp.niehs.nih.gov/research/topics/cellphones
- https://www.iarc.who.int/news-events/mobile-phone-use-and-brain-tumour-risk-cosmos-a-prospective-cohort-study/
- https://doi.org/10.1016/j.envint.2025.109482
- https://doi.org/10.1016/j.envint.2024.108940
- https://doi.org/10.1016/j.envint.2024.108509
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