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Un laboratorio de Tokio desarrolla Lunavity, un dron de mochila para flotar

Ensayo promocional de Lunavity: el usuario flota y riega un árbol - Archivo Público

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Resumen

El laboratorio Rekimoto de la Universidad de Tokio presentó en 2018 Lunavity, una mochila que aligera el peso al saltar. En 2026 midió 10 a 16 por ciento más de salto y 70 a 80 por ciento más de tiempo en el aire.

El de la Universidad de Tokio presentó en 2018 , una mochila con un multicóptero que sostiene parte del peso del cuerpo para saltar más alto y quedarse más tiempo en el aire. En marzo de 2026 el mismo grupo midió el salto con un sucesor, : el salto máximo subió 10 a 16 por ciento y el tiempo en el aire, 70 a 80 por ciento.

El aparato de 2018 se llama . Es un octocóptero de 1,1 metros de diámetro y 1,28 de alto. Pesa unos 60 kilos, 24 de ellos en baterías. Lleva 16 ventiladores ductados en un marco sobre la cabeza, sujetos al cuerpo con un arnés de hombros, cintura y muslos. Cada ventilador empuja unos 7 kilos; el conjunto llega a unos 112. Puede sostener hasta 50 kilos del peso de la persona. En las pruebas, el usuario saltaba con una gravedad simulada reducida en un 75 por ciento. El empuje es constante hacia arriba. Las piernas siguen saltando. El sistema lee gestos y movimiento para cambiar la pose y la dirección en el aire, y la persona sigue sintiendo que manda el cuerpo.

Diseño del prototipo de 2018: dieciséis ventiladores ductados y arnés
Diseño del prototipo de 2018: dieciséis ventiladores ductados y arnés

El laboratorio lo pensó para deportes nuevos y para tramos cortos donde no hay camino. Y para un futuro en el que esos aparatos sean infraestructura, como el delivery o el taxi: movilidad cuando se pide.

Ocho años después, Yuto Nakamura, Keigo Minamida, Masanobu Kanazawa, Koya Dendo y llevaron a la conferencia Augmented Humans 2026, en Okinawa. Es un hexacóptero de mochila. Baja el peso efectivo del cuerpo a unos dos tercios. El empuje se queda por debajo del peso de la persona: ayuda a saltar y no pasa a modo vuelo. Lo probaron dos participantes. En los mejores saltos, uno ganó 6,40 centímetros (10,2 por ciento) y el otro 10,19 (16,2 por ciento). El tiempo de salto subió 70 a 80 por ciento. El trabajo lo financió el programa Moonshot de Japón, código JPMJMS2012.

El estudio dice para qué: respuesta a desastres, trabajo agrícola, patrulla en zonas despobladas. Zanjas, escombros, un hueco que caminando no se pasa y que no justifica un aparato de vuelo. El salto como continuación de la caminata.

En los saltos más fuertes, la aceleración al aterrizar, medida en la cadera, subió alrededor de 35 por ciento, con picos de 6,2 a 6,3 veces la gravedad. El tiempo extra en el aire está medido. El golpe contra el piso también.

El laboratorio publicó, junto al prototipo, un collage de cuatro escenas. Un enceste de básquet bajo un puente. Un salto sobre una calle, con un ciclista abajo. Un caminante en una superficie lunar. Y un parque: el saltador ya está en el aire y, abajo a la izquierda, queda una silla de ruedas vacía.

Cuatro escenas del laboratorio: básquet, calle, silla de ruedas y superficie lunar
Cuatro escenas del laboratorio: básquet, calle, silla de ruedas y superficie lunar

Esa última imagen es la visión del propio laboratorio. Los estudios no probaron el aparato con personas en silla, ni con adultos mayores, ni como dispositivo médico. El horizonte que dibujan es enorme.

Si el cuerpo pesa dos tercios, o si un arnés sostiene hasta 50 kilos, cambia lo que cuesta despegar del piso. Cambia una vereda alta, un escalón, una zanja, un cordón. Para alguien con las piernas todavía vivas pero con las articulaciones gastadas, para un adulto mayor que ya no se anima a un desnivel, para quien se mueve con dificultad y hoy depende de una rampa que no está, la promesa es otra movilidad: el salto corto, el cruce que hoy corta el día. El laboratorio lo dice en su página: movilidad a pedido, tramos cortos donde el camino no existe.

La silla que queda en el parque lleva esa idea al límite. Un mundo en el que el aparato aligera el cuerpo lo suficiente como para dejar atrás el obstáculo. Hoy el prototipo de 2018 pesa 60 kilos. El de 2026, con protectores, ocupa 3,5 metros de lado y unos 46 kilos. Sigue en el laboratorio. El salto lo hacen las piernas. El aparato aligera el peso.

El futuro, con todo eso, ya se mide en centímetros. Hace una década esto parecía de película: flotar, regar un árbol que también flota, cruzar una calle de un salto, caminar como en la Luna. En 2018 el laboratorio lo armó y lo mostró. En 2026 puso números. Las cosas que creíamos imposibles entran primero como una foto. Después, si el estudio aguanta, como un 10 por ciento de salto y un 70 por ciento más de aire. El resto, la silla que queda atrás, los mayores, el desnivel de la vereda, es el horizonte que ellos mismos dibujaron.

Señales de sesgo en esta pieza

Misma metodología que en coberturas de terceros: las 7 categorías se evalúan sobre el título y el cuerpo de esta pieza de Fundado. No es una medición ideológica del medio: es trazabilidad de señales ancladas en el texto.

Sin señales detectadas en esta pieza según la metodología. Eso no demuestra objetividad: solo indica que no hallamos una señal anclada en este texto.

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