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Chemtrails: entre las estelas normales, la geoingeniería real y los experimentos que sí existieron

Estelas en el cielo - Archivo Público

Artículo de Fundado

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Durante años, la palabra "" quedó asociada casi exclusivamente a una teoría conspirativa: la idea de que determinados aviones liberan sustancias químicas de manera deliberada sobre la población. La discusión suele terminar ahí, con una explicación sobre las de los aviones y la afirmación de que no existe evidencia de una operación semejante.

Pero esa respuesta deja afuera una parte importante de la historia.

La dispersión deliberada de sustancias desde aeronaves es una tecnología real y antigua. También lo es la modificación artificial de nubes y precipitaciones. Y la posibilidad de introducir partículas en la para modificar la cantidad de radiación solar que llega a la superficie dejó hace tiempo de pertenecer a la ciencia ficción: hoy existe una disciplina específica alrededor de esa posibilidad, denominada o modificación de la radiación solar ().

La existencia de esas tecnologías no demuestra que las estelas que aparecen actualmente sobre nuestras ciudades sean producto de ellas. Pero sí significa que la pregunta no puede descartarse simplemente diciendo que "es físicamente imposible".

Primero, hay que separar las de las emisiones deliberadas

Una o estela de condensación se forma cuando el vapor de agua y otros productos de la combustión de un motor entran en contacto con aire extremadamente frío y, bajo determinadas condiciones de humedad, forman cristales de hielo.

Lo importante es que una no necesariamente desaparece detrás del avión.

En una suficientemente fría y sobresaturada respecto del hielo, los cristales pueden persistir, expandirse y transformarse progresivamente en nubes de tipo cirrus. Investigaciones satelitales han registrado sistemas de que permanecieron más de siete horas y, en otros casos, alrededor de 17 o 18 horas. Estudios recientes siguen señalando que las -cirrus pueden mantenerse durante varias horas bajo determinadas condiciones atmosféricas.

Es decir: una línea blanca que permanece durante mucho tiempo no constituye por sí sola evidencia de una sustancia agregada deliberadamente al combustible o expulsada desde un depósito.

Tampoco existe una regla simple según la cual una estela corta sería "normal" y una estela larga sería necesariamente "química". La persistencia depende fuertemente de temperatura, humedad, estabilidad atmosférica, viento y condiciones de sobresaturación respecto del hielo.

Pero hay otro hecho igualmente importante: que una estela de condensación pueda permanecer durante horas no significa que todas las formas de dispersión aérea sean .

La dispersión aérea de partículas y sustancias es una tecnología perfectamente real

Los aviones llevan décadas siendo utilizados para liberar sustancias de manera deliberada.

La agricultura, la lucha contra incendios y la son ejemplos conocidos. Pero también existen antecedentes militares mucho más sensibles.

Durante la Guerra de Vietnam, Estados Unidos llevó adelante la Operación Ranch Hand, en la que aeronaves C-123 fueron modificadas para pulverizar herbicidas. La propia documentación histórica de la Fuerza Aérea estadounidense registra el empleo de grandes cantidades de sustancias químicas mediante aeronaves.

No se trata de una ni de una reconstrucción posterior: la operación está documentada por el propio aparato militar estadounidense.

Más significativo todavía es el denominado Project Popeye.

En 1966 y posteriormente durante la Guerra de Vietnam se experimentó con la para aumentar las precipitaciones sobre determinadas regiones de Vietnam del Norte y Laos. El objetivo militar era modificar las condiciones de los caminos y dificultar el movimiento de suministros.

Un clasificado del Departamento de Estado de enero de 1967 describe el programa y señala que durante la fase experimental se realizaron más de 50 experimentos de . El documento afirma que el 82% de las nubes sembradas produjo lluvia en un intervalo breve y considera que las pruebas demostraron una capacidad significativa de modificación del tiempo.

También contiene un detalle particularmente relevante para la discusión actual: se proponía continuar las operaciones de manera "non-publicized", y el documento analiza explícitamente las implicancias de desarrollar una capacidad de "weather warfare".

Ese antecedente cambia el contexto histórico.

No hace falta creer que todo avión comercial está participando actualmente de una operación secreta para reconocer que los gobiernos efectivamente desarrollaron y utilizaron capacidades de modificación atmosférica con fines militares y que algunas de esas operaciones permanecieron clasificadas durante años.

Estados Unidos también realizó pruebas de dispersión de partículas sobre su propio territorio

Existe otro antecedente todavía más cercano a la imagen popular de los "".

Entre 1957 y 1958, el U.S. Army Chemical Corps llevó adelante Operation LAC: Large Area Coverage. El objetivo era estudiar cómo podían desplazarse y dispersarse sobre grandes extensiones geográficas, utilizando sulfuro de zinc-cadmio como material trazador.

La investigación posterior realizada por la National Academy of Sciences documentó que las pruebas cubrieron una enorme parte del territorio estadounidense y que el propósito era obtener información útil para estimar cómo se comportarían asociados a agentes de guerra biológica.

El programa estaba orientado precisamente a estudiar la dispersión de partículas a gran escala.

En determinados ensayos, las partículas fueron detectadas a cientos de kilómetros del punto de liberación. La documentación histórica del programa demuestra que los militares estaban estudiando algo que hoy resulta fundamental para cualquier discusión sobre atmosféricos: qué tan lejos puede viajar una nube de partículas y cómo se distribuye en función de la meteorología.

Esto tampoco demuestra que una estela moderna contenga zinc, cadmio, aluminio, bario o cualquier otra sustancia.

Demuestra algo diferente: que la liberación aérea de partículas sobre grandes superficies fue una capacidad militar real y que se estudió precisamente con el objetivo de entender su dispersión.

La idea de bloquear parcialmente la radiación solar tampoco nació con Internet

Mucho antes de las discusiones actuales sobre , científicos ya habían planteado la posibilidad de modificar el balance radiativo de la Tierra mediante partículas atmosféricas.

La versión actualmente más estudiada se denomina (): introducir partículas en la para aumentar la dispersión de la luz solar y producir un enfriamiento temporal.

La idea tiene una base física conocida. Las grandes erupciones volcánicas proporcionan un ejemplo natural: determinadas emisiones volcánicas pueden generar de sulfato en la y producir un enfriamiento global temporal.

Después de la erupción del Pinatubo de 1991, por ejemplo, grandes cantidades de dióxido de azufre llegaron a la y contribuyeron a un descenso de la temperatura media global durante aproximadamente un par de años.

La intenta estudiar deliberadamente un mecanismo relacionado, aunque en un contexto totalmente diferente.

Una revisión científica publicada en Annual Review of Environment and Resources señala que la modificación del albedo terrestre ya aparecía en discusiones científicas de Estados Unidos en la década de 1960 y que la inyección de en la fue propuesta explícitamente a comienzos de la década de 1970.

No estamos hablando, por lo tanto, de una idea marginal recién inventada para justificar una conspiración.

¿Y los aviones?

Aquí aparece una de las partes más interesantes.

La literatura actual sobre SAI considera a los aviones como una de las principales opciones para transportar material a la .

La razón es sencilla: para que una intervención de este tipo tenga efectos climáticos apreciables, las partículas deberían ser introducidas a grandes altitudes, donde pueden permanecer mucho más tiempo que los liberados cerca de la superficie.

Una revisión científica de 2024 estima que los en torno a los 20 kilómetros de altura podrían tener tiempos de permanencia superiores a un año y medio. Los análisis sobre despliegue consideran precisamente aeronaves capaces de operar aproximadamente entre 15 y 25 kilómetros de altitud.

La misma revisión señala que los aviones son, entre las alternativas estudiadas, el mecanismo de transporte que presenta la vía tecnológica más plausible para un eventual despliegue de SAI.

Por eso existe una distinción fundamental:

que la tecnología pueda existir no significa que esté siendo utilizada clandestinamente sobre la población.

Pero también significa que decir "un avión no podría dispersar partículas para modificar la " sería científicamente incorrecto.

La ya salió del papel

Durante los últimos años se realizaron o propusieron varios experimentos relacionados con modificación de la radiación solar y alteración de y nubes.

Algunos fueron cancelados. Otros se llevaron a escalas pequeñas.

El proyecto , vinculado a investigadores de Harvard, fue uno de los casos más conocidos. También se desarrollaron experimentos de marine cloud brightening, destinados a aumentar la reflectividad de determinadas nubes mediante de sal.

En 2024, un proyecto de la Universidad de Washington vinculado a marine cloud brightening planeó utilizar un barco para generar de agua salada. El experimento fue cancelado después de una fuerte controversia pública.

Y existe un dato especialmente interesante que apareció posteriormente en documentación de la EPA.

En una actualización de agosto de 2025, la propia agencia señaló que había sido informada de que aquel experimento cancelado podría haber sido el precursor de un experimento de mayor escala que no había sido previamente divulgado públicamente.

La frase merece atención porque introduce una diferencia importante entre dos afirmaciones:

"Existe una operación secreta a gran escala".

y

"Es imposible que pueda existir una actividad no completamente divulgada".

La primera requiere evidencia concreta.

La segunda ya no puede sostenerse como principio absoluto.

También aparecieron actores privados

La cuestión no quedó limitada a universidades.

La empresa Make Sunsets declaró haber realizado lanzamientos de globos con dióxido de azufre con la intención explícita de desarrollar . En 2025 la EPA inició un procedimiento para obtener información sobre esas actividades y señaló que la propia empresa afirmaba haber realizado más de 124 despliegues.

Esto no es equivalente a utilizar aviones comerciales para pulverizar sustancias.

Pero demuestra otra cosa relevante: la posibilidad de realizar experimentos atmosféricos deliberados dejó de estar confinada exclusivamente a grandes instituciones estatales.

Una revisión científica publicada en 2026 también documentó el crecimiento de iniciativas privadas relacionadas con SAI y mencionó actividades cuyo diseño técnico y datos no fueron publicados de forma suficiente como para una evaluación científica independiente.

En uno de esos casos, se señalaron vuelos de prueba vinculados a una empresa privada, sin que se hubieran divulgado públicamente detalles técnicos suficientes para evaluar qué material se utilizó o cuál fue exactamente el objetivo experimental.

Eso no es prueba de una operación secreta.

Sí es evidencia de que el panorama actual es más complejo que una simple división entre "ciencia pública" y "conspiración".

Entonces, ¿qué pasa con las estelas que duran horas?

La respuesta científica tiene dos partes.

La primera es conocida: las reales pueden persistir y expandirse durante muchas horas y terminar integrándose en capas de cirrus.

La segunda también es conocida: los atmosféricos pueden permanecer suspendidos, desplazarse con el viento y posteriormente depositarse sobre superficies.

Operation LAC demostró experimentalmente que partículas liberadas a la podían dispersarse sobre distancias enormes. Los experimentos de actuales, por su parte, parten precisamente de la capacidad de mantener determinados en la durante períodos prolongados.

Por eso, observar una partícula o una nube aparentemente descendiendo lentamente tampoco permite identificar por sí mismo su origen.

La apariencia visual de una estela no es un análisis químico.

La verdadera pregunta

El problema con el debate sobre los es que las dos posiciones extremas simplifican demasiado la cuestión.

Una dice:

"Todo es una conspiración y los aviones están rociando productos secretos".

La otra dice:

"No existe ninguna tecnología para hacer eso".

La evidencia histórica y científica contradice la segunda afirmación.

La tecnología para dispersar sustancias desde aeronaves existe. La modificación artificial de precipitaciones existe. La utilización militar de técnicas de modificación meteorológica existió. La dispersión de grandes cantidades de partículas sobre territorio estadounidense existió. La existe como campo científico. El desarrollo de sistemas destinados a modificar la radiación solar mediante continúa siendo investigado. Y hubo experimentos recientes cuya transparencia y alcance fueron objeto de controversia.

Lo que no está demostrado por esas evidencias es que las actuales estelas visibles de la aviación comercial constituyan una operación clandestina mundial de .

Esa diferencia es crucial.

Pero también lo es la inversa: la falta de evidencia pública de un programa clandestino actual no convierte automáticamente en imposible su existencia futura, ni permite afirmar que toda intervención atmosférica tendría necesariamente que ser públicamente anunciada.

La historia demuestra que los programas militares de modificación ambiental pueden haber sido clasificados durante años.

La tecnología demuestra que dispersar sustancias desde aeronaves es perfectamente posible.

Y la ciencia actual demuestra que utilizar partículas atmosféricas para modificar la cantidad de radiación solar recibida por la Tierra no sólo puede imaginarse: está siendo estudiado activamente.

Por eso, la discusión seria sobre los "" no debería comenzar preguntando si una teoría de conspiración es verdadera.

Debería comenzar con una pregunta mucho más incómoda:

¿Qué cantidad de intervención atmosférica es técnicamente posible hoy, quién tiene la capacidad de realizarla, qué parte está públicamente declarada y qué parte (si alguna) podría no estarlo?

Esa es una pregunta científica, tecnológica y geopolítica. Y todavía no tiene una respuesta completa.

Fuentes

Señales de sesgo en esta pieza

Misma metodología que en coberturas de terceros: las 7 categorías se evalúan sobre el título y el cuerpo de esta pieza de Fundado. No es una medición ideológica del medio: es trazabilidad de señales ancladas en el texto.

Sin señales detectadas en esta pieza según la metodología. Eso no demuestra objetividad: solo indica que no hallamos una señal anclada en este texto.

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