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Ondas de sonido para cambiar el cerebro: la ciencia ya prueba una nueva forma de tratar trastornos psiquiátricos sin cirugía

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Origen del artículo: ArgentinaIdioma original: español

Resumen objetivo

Durante décadas, modificar circuitos profundos del cerebro estuvo asociado a procedimientos invasivos, electrodos implantados y quirófanos.

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Durante décadas, modificar circuitos profundos del cerebro estuvo asociado a procedimientos invasivos, electrodos implantados y quirófanos. Ahora, una tecnología basada en ultrasonido busca hacer algo que hasta hace poco parecía difícil de imaginar: alcanzar regiones específicas del cerebro desde el exterior del cráneo y alterar temporalmente su actividad. El método se llama ultrasonido focalizado de baja intensidad (FUS) y es uno de los desarrollos que más interés está generando dentro de la neuromodulación. Una revisión científica publicada en JAMA Psychiatry analiza hasta dónde llegó esta tecnología, qué resultados obtuvo hasta ahora y qué falta demostrar antes de pensar en un uso clínico más amplio. La idea es relativamente simple de explicar, aunque técnicamente sea mucho más compleja: en lugar de introducir un dispositivo dentro del cerebro, se utilizan ondas acústicas que pueden concentrarse en una zona determinada. El objetivo es modificar la actividad de un circuito neuronal de manera focal, reversible y sin una intervención quirúrgica. Eso distingue al FUS de otras técnicas actuales. La estimulación cerebral profunda, por ejemplo, puede actuar sobre estructuras muy específicas, pero requiere implantar electrodos. La estimulación magnética transcraneal y otras técnicas no invasivas evitan la cirugía, aunque tienen más dificultades para alcanzar estructuras profundas con la misma precisión. Y acá es donde la investigación empieza a ponerse particularmente interesante. Los primeros estudios en humanos ya exploraron el uso del ultrasonido focalizado sobre distintas regiones relacionadas con trastornos psiquiátricos. Se estudiaron, entre otras, la amígdala, vinculada con el procesamiento emocional y la ansiedad, y el núcleo accumbens, relacionado con los circuitos de recompensa y las adicciones. En un estudio piloto se observaron mejoras de síntomas de ansiedad generalizada al apuntar a la amígdala, mientras que otro trabajo encontró una reducción de los deseos de consumir sustancias tras estimular el núcleo accumbens, con efectos reportados durante hasta 90 días. También existen investigaciones sobre depresión, estrés postraumático y otros trastornos. Incluso hay ensayos controlados en marcha para estudiar el efecto del FUS sobre determinados circuitos cerebrales en pacientes con depresión y PTSD. Pero hay una diferencia fundamental entre “funciona” y “podría funcionar”. La propia revisión remarca que el campo todavía está en una etapa temprana. Algunos resultados son alentadores, pero otros son difíciles de interpretar y todavía no está completamente claro cómo produce sus efectos el ultrasonido, cuánto duran ni cuál es la combinación óptima de frecuencia, intensidad, duración y ubicación del estímulo. Además, atravesar el cráneo no es un detalle menor. El hueso puede desviar, debilitar y distorsionar el haz de ultrasonido, lo que dificulta alcanzar exactamente el punto buscado. Por eso, una parte importante del desarrollo actual pasa por mejorar los sistemas de modelado acústico, la corrección de esas distorsiones y la capacidad de verificar qué ocurre realmente dentro del cerebro durante la estimulación. Y también existe una advertencia importante sobre la seguridad. En una investigación con ultrasonido focalizado dirigida al núcleo accumbens se produjo una lesión cerebral asociada a cavitación. El episodio mostró que pequeñas diferencias en los parámetros utilizados pueden tener consecuencias relevantes y que la seguridad todavía es una cuestión central para esta tecnología. La ciencia está intentando construir una herramienta capaz de modificar circuitos específicos del cerebro desde el exterior, sin implantar electrodos y con una precisión cada vez mayor. Si los próximos ensayos consiguen demostrar que esos cambios son seguros, reproducibles y clínicamente útiles, el ultrasonido podría abrir una nueva etapa en la forma de tratar algunos trastornos psiquiátricos. Por ahora, el futuro todavía está en fase de prueba. Pero ya no parece tan lejano. Fuentes: · https://jamanetwork.com/journals/jamapsychiatry/fullarticle/2852347

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