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Península Valdés: las crías de ballena franca muertas este año podrían superar las 113 de 2012

Antônio João, CC BY-SA 3.0. Franca varada en Laguna, Brasil, 12 de septiembre de 2010, recorte. - Archivo Público

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Resumen

El programa sanitario cerró 2012 con 113 crías muertas, su peor año. Este año el Instituto dice que el registro podría ser mayor, y la causa sigue abierta.

En Península Valdés, el Instituto de Conservación de Ballenas dice que las crías de ballena franca muertas este año podrían superar las 113 de 2012, el peor año de crías que el programa sanitario tiene cerrado. Ese 113 son crías. El mismo año el programa anotó además 2 juveniles y 1 adulto. El comunicado del Instituto, del 24 de septiembre de 2026, dice que los registros preliminares indicarían un evento de una escala aún mayor, y que la cifra hay que consolidarla contra los nacimientos de la temporada. Mientras eso no ocurra, “mayor” es una posibilidad. No es un récord cerrado, y por eso no va en el título un número que todavía nadie firmó.

El 16 de octubre el Instituto publicó una actualización. Dice que las investigaciones siguen abiertas y que hay que esperar los resultados antes de formular conclusiones. Cita el parte del gobierno de Chubut, que separa las muestras de crías, donde apareció la bacteria Erysipelothrix rhusiopathiae asociada a septicemia, de los adultos hallados en estos días, que por ahora no muestran ese cuadro. El Instituto agrega que en esos adultos se sospecha una posible relación con las mareas rojas, biotoxinas naturales que en ciertas condiciones pueden matar ballenas, y recuerda que el antecedente de 2022 en el Golfo Nuevo llevó meses de análisis hasta atribuirle un rol a esas biotoxinas. Pide leer el resultado entero antes de proponer una causa. El comunicado de septiembre, el que deja abierta la posibilidad de superar las 113 crías, sigue en pie.

El vuelo del 6 de septiembre lo hizo el CESIMAR- y contó 1.375 francas australes, 409 de ellas crías. El registro de 2025 con el que se lo compara es de 2.110. Quienes publicaron esa cuenta advierten que los dos números no se comparan directo: importa cuántas crías nacieron y cuántas de esas murieron. En una crónica del 14 de octubre aparece otra cuenta: este año, sobre 1.200 ballenas francas registradas, datos extraoficiales ya contabilizan más de 340 ballenatos muertos en las playas de la península. En esa crónica no está quién contó, desde qué día, ni con qué método. El mismo texto habla de un año pasado con 2.200 ballenas en el Golfo Nuevo y 80 muertes. La base de 1.200 es otra que el vuelo del 6 de septiembre, y 2.200 es otra que el 2.110. El Instituto, en el comunicado de septiembre, pidió un relevamiento de costa que no cuente dos veces al mismo animal. Hasta ese cierre, el 340 y el 1.375 siguen siendo dos cuentas.

El 14 de octubre, en Puerto Madryn, un recuento habló de cinco francas muertas en menos de 48 horas. En ese mismo texto aparecen una el martes y cuatro, de entre 10 y 14 metros, entre el domingo y la tarde del lunes. Otro recuento del mismo día habló de dos el lunes en esa costa. Es el mismo tramo de días. No se suman.

Lo que los que toman las muestras sí separan son dos problemas. Mariano Coscarella, biólogo del en el Laboratorio de Mamíferos Marinos del Cenpat, dijo que la temporada es atípica y que hay más muertes de lo habitual. En las crías, los análisis preliminares detectaron la bacteria Erysipelothrix rhusiopathiae, la de la erisipela, asociada a un cuadro de septicemia. Detectarla todavía no alcanza para afirmar que esa bacteria las mató. En juveniles y adultos ese cuadro bacteriano no aparece, y la sospecha principal es la marea roja. En octubre las francas empiezan a comer en el golfo antes de migrar y, al filtrar el agua, pueden tragar microalgas que producen toxina. Coscarella dijo que eso pega en los juveniles y adultos que se están alimentando, y que lo que se está viendo probablemente no sea el mismo fenómeno que el de las crías. El equipo de la veterinaria Marcela Uhart, que coordina el Plan de Monitoreo Sanitario, trabaja con esa misma separación.

Coscarella agregó que en temporadas pasadas la bacteria estaba, las ballenas estaban y las gaviotas estaban, y esta no. “Algo ha cambiado.” Recordó que 2026 es un año de El Niño y que hubo mortandades de ballenas en otras partes del mundo asociadas a variaciones del clima. Es lo que él recordó en esa entrevista, no un parte meteorológico ni una causa cerrada. Los resultados de laboratorio pueden tardar hasta un mes y medio, y muchas muestras no se pueden analizar porque el cuerpo ya está descompuesto cuando llega a la playa. Víctor Fratto, divulgador científico, dijo que las muestras de crías analizadas hasta ahora marcan esa bacteria de la erisipela y que los estudios todavía tienen que completarse. Del otro episodio, el de juveniles y adultos con buena capa de grasa y señales de comida reciente, contó que el contenido de la alimentación fue a un laboratorio de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, en Trelew, y los tejidos al Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero, en Mar del Plata, para buscar biotoxinas. De ese segundo análisis habló de unas dos semanas. No es el mismo reloj que el mes y medio de las crías.

La bacteria y la toxina ya tuvieron episodios anteriores, y no son la misma historia. En 2016 un estudio liderado por Carla Fiorito, del CESIMAR-CENPAT, encontró esa bacteria en lesiones de ataque de gaviotas en dos crías examinadas en la temporada 2013. Las heridas podían ser una puerta de entrada para microbios. El trabajo no mostró cómo se infectaron esos dos animales ni que la infección haya sido la causa de muerte. La toxina sí tuvo un episodio con análisis cerrado: entre el 24 de septiembre y el 11 de octubre de 2022 murieron 30 francas en el Golfo Nuevo, 26 adultas y 4 juveniles. En el Golfo San José no hubo casos, y ahí no se había visto a las ballenas comer. En el contenido intestinal, la orina y el hígado había biotoxinas del grupo que paraliza a los moluscos. Las muertes coincidieron con una floración de algas y con toxinas altas en moluscos y plancton, y cesaron cuando esa toxicidad bajó. Coscarella citó también 2024 como otra temporada en la que, al alimentarse, entraron esas algas. El cierre de ese año, de todas las causas juntas, fue de 81 muertas: 48 crías, 4 juveniles, 27 adultos y 2 de edad no determinada.

Entre 2003 y 2024, sin registros de 2020, el mismo programa anotó 1.049 francas muertas en la península: 886 crías, 42 juveniles y 120 adultos. De 2007 a 2013 fueron 554, con un promedio de 75 crías por año. 2012 fue el pico de las crías. 2022, con 28 adultas, fue el pico de los adultos. Para el programa, esos dos años siguen siendo los registros anuales más altos de la especie en el mundo. Esta temporada todavía no está en esa tabla.

Península Valdés es Patrimonio Mundial. En el criterio de la ficha, es el área de cría más importante del mundo para la franca austral, con más de 1.500 animales que la visitan por año, una población que la caza comercial casi borró y que la protección internacional, desde 1935, fue recuperando. El Congreso Nacional la declaró monumento natural en 1985. En 1995 se creó una reserva marina estricta en el Golfo Nuevo para cuidarla, cinco millas náuticas desde la costa en la mayor parte de la península. En esa ficha, las muertes por actividad humana que ya estaban escritas son los choques con barcos y los enmallamientos en artes de pesca. También figuran la planta de aluminio de Puerto Madryn, sobre el mismo Golfo Nuevo, y el aumento de gaviotas por la basura, que depredan especies del lugar. Eso está en el de manejo del sitio. El laboratorio de esta temporada todavía no cerró una causa.

El 15 de octubre Greenpeace Argentina habló. Dijo que las noticias de varamientos en Península Valdés y Puerto Madryn les duelen y les preocupan, que la ciencia sigue mirando factores ambientales, patógenos naturales e interacciones con otras especies, y que hay algo que sí saben con certeza: las ballenas enfrentan presiones humanas sin precedentes. Pidió protección efectiva de la especie, declarada monumento natural, y firmas, con la frase de que el Mar Argentino no puede ser una zona de sacrificio. En lo que dijeron no hay una causa de laboratorio ni el nombre de un proyecto.

En el comunicado del Instituto y en el texto de Greenpeace del 15 de octubre no está el proyecto de de Green Capital. Las que sí están escritas son la bacteria en las crías y la marea roja en los animales que ya comen.

Nota relacionada: La Patagonia para la IA global: el proyecto de 3 GW sobre 130.000 hectáreas que todavía debe aclarar el plazo de la tierra y quién lo financiará

La foto no es de esta semana ni de Chubut. En el archivo libre de Commons no aparece un cuerpo de esta temporada en Península Valdés. La que se puede mostrar es una franca austral varada el 12 de septiembre de 2010 en Praia do Sol, Laguna, en el sur de Brasil.

Antônio João, CC BY-SA 3.0. Dos personas junto al cuerpo en Praia do Sol, 12 de septiembre de 2010, encuadre.
Antônio João, CC BY-SA 3.0. Dos personas junto al cuerpo en Praia do Sol, 12 de septiembre de 2010, encuadre.

Si alguien encuentra una varada, viva o muerta, el Instituto pide no acercarse, no tocarla y alejar a las mascotas. El aviso es a la Dirección de Fauna y Flora Silvestre y a la Secretaría de Ambiente de Chubut, al 280-4670760. Van 56 temporadas de campo del Instituto, con historias de vida de más de 5.500 animales, y esa base es la que va a servir para medir este episodio cuando el número y la causa se puedan cerrar. Hoy las dos cosas siguen abiertas. El único año que el programa ya puede señalar como el peor para las crías es 2012, con 113.

Fuentes

Señales de sesgo en esta pieza

Misma metodología que en coberturas de terceros: las 7 categorías se evalúan sobre el título y el cuerpo de esta pieza de Fundado. No es una medición ideológica del medio: es trazabilidad de señales ancladas en el texto.

Análisis pendiente.

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